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Molly Moon viaja a través del tiempo
Capítulo 1
El anciano sacerdote del templo se inclinó y,
lentamente, llenó con leche los platos metálicos que tenían
forma de hojas de nenúfar. Mientras lo hacía, con movimientos
rápidos y zigzagueantes, las ratas sagradas salieron de las sombras
para beber. El sacerdote creía que eran personas reencarnadas.
Soltó una risita cuando corrieron por encima de sus pies y les
echó un puñado de dulces al suelo. Inclinó la cabeza
hacia la estatua del dios de muchos brazos que tenía ante él,
tocó la marca morada de su frente, y, después, se puso en
cuclillas sobre sus torcidos talones.
Pensó en lo bonitos y grandes que eran los platos. Con 20 ratas
de color gris oscuro sorbiendo leche a su alrededor, cada uno de ellos
parecía una luna blanca. Las ratas eran como pétalos peludos
y sus colas rosadas se movían como ramas al viento.
A través de los pilares del templo miró hacia la calle soleada.
Tres vendedores de caballos discutían por dinero y, cerca de allí,
algunos niños parloteaban a voces mientras veían unos cerditos
resoplando en un pequeño canal de desagüe. Unas mujeres vestidas
con saris chismorreaban según sacaban agua de un pozo de piedra
y, cerca de allí, un camello gemía mientras lo cargaban.
Un mendigo estaba sentado con las piernas cruzadas, tocando la flauta
con la nariz. Una vaca sagrada espantaba las moscas con la cola y observaba
la escena.
Detrás de la vaca había un frágil tenderete de madera
donde vendían paan. Delante de él, un hombre con cara de
rata huesuda, gran bigote y turbante morado, se bajó de su caballo.
Alisando su casaca de seda, permaneció de pie, impaciente, dando
golpecitos con el pie sobre el camino polvoriento. El vendedor empezó
a preparar paan: esparció un poco de polvo marrón de semilla
de betel sobre una hoja verde de la misma planta. Le añadió
coco rallado y semillas de anís, y vertió un denso jarabe
rojo por encima. Luego, lo enrolló todo y finalmente entregó
a su cliente el refrescante para el aliento. Sin darle las gracias, el
elegante caballero lo tomó y se lo llevó a la boca. Echó
algunas monedas a los pies del comerciante y, masticando, volvió
a montar en su caballo.
Mientras el vendedor de paan se daba la vuelta, ocurrió algo increíble.
Hubo un PUUUM y el caballo y su jinete desaparecieron.
Muerto de miedo, el hombre cayó de rodillas.
En el templo, el sacerdote movió la cabeza a derecha e izquierda.
Luego se inclinó ante las ratas que tenía delante, juntó
las manos y rezó una plegaria.
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